La marcha anual del Arbaín es una de las mayores oportunidades para la diplomacia cultural. Una oportunidad que, gracias al carácter popular de este evento, puede multiplicarse y llevar la diplomacia cultural aún más hacia una dirección centrada en el pueblo.
La gran congregación pública del Arbaín no es solo un evento cultural, y desde luego, centrarse en su dimensión cultural no debe interpretarse como ignorar sus otros aspectos.
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Sin embargo, un evento de tal magnitud, con la participación de veinte millones de personas de todo el mundo en torno a un tema cultural, no es algo común.
Ahora que poco a poco comienzan las caminatas y Karbala se convierte en el escenario de la reunión de los seguidores del camino de Husein (la paz sea con él), no está de más observar el impacto cultural de este acontecimiento.
Se dice que la «diplomacia» es el esfuerzo por mostrar una imagen correcta de uno mismo en otros países, y que la «diplomacia cultural» es realizar ese esfuerzo mediante herramientas culturales.
Cuando se habla de «diplomacia cultural», normalmente se piensa en las acciones de los gobiernos. Aunque este concepto se entiende principalmente en el marco del gobierno cultural, esto no significa excluir al pueblo de este ámbito. Por el contrario, mucho se ha dicho sobre la necesidad de «popularizar» la diplomacia.
Quizás la marcha del Arbaín sea un ejemplo perfecto de esta «popularización»: un evento en el que es el propio pueblo quien toma la iniciativa, organiza y gestiona durante semanas esta gran caminata.
Coexistencia pacífica en Arbaín
Además, el Arbaín es un escenario excepcional de coexistencia pacífica. Personas de distintas nacionalidades, culturas, idiomas e incluso religiones caminan juntas, conviven, se ayudan mutuamente y comparten alimentos, servicios y afecto, todo en un ambiente de respeto, unidad y espiritualidad. Esta convivencia masiva y armónica es un poderoso mensaje para el mundo en tiempos de polarización y conflicto: muestra que el entendimiento y la fraternidad son posibles incluso entre grandes multitudes diversas, siempre que haya un propósito común elevado y valores compartidos de humanidad.